Océanos de tinta se han escrito sobre la importancia de la moda hombre en los últimos años. Algo que nos parece totalmente normal en la actualidad -que prácticamente todos los hombres se interesen por su vestimenta y por las últimas tendencias de moda– no lo era tanto hace unas décadas. Y es que el final del siglo XX fue el escenario de un cambio de paradigma radical en la civilización occidental: aparecieron los metrosexuales. Y, con ellos, la democratización del concepto de moda masculina.
Lejos quedan ya las épocas en las que preocuparse por el aspecto externo e «ir a la moda» era propio de minorías diletantes o snobs. La era de Instagram no ha hecho más que universalizar -y reflejar hasta el extremo- una tendencia que ha venido incrementándose en los últimos años: la moda hombre es importante y, en muchos casos, puede ser un claro indicativo de nuestra personalidad, nuestro estado de ánimo, el status socio-económico o, simplemente, de nuestros gustos. La ropa que usamos habla de nosotros. Pero también como la combinamos o como elegimos una u otra prenda en función de la actividad que vamos a desarrollar o del lugar a donde vamos a ir. Forma parte de la sociedad en la que nos movemos y, además, de una forma absolutamente expuesta gracias (o no) a las redes sociales.

El paso del desinterés más o menos generalizado por la moda masculina (sus tendencias, creadores, tipos, etc.) a la obsesión retransmitida por las pantallas de móvil 24/7 sobre «qué me voy a poner hoy» no ha estado exento de situaciones dramáticas o estresantes. Como en todo cambio a nivel social y cultural, ha habido también en el mundo de la moda masculina un período de transición que, pasados los años, se nos antoja un poco corto. Aunque una cosa parece clara: la época en la que la madre o la mujer elegía la ropa del hombre, ya pasó. Por suerte.
Moda hombre: un cambio de paradigma a medias
Está claro: existe una preocupación por la moda masculina en la mayoría de la sociedad. No hay tribu urbana que no siga un dress code definido. Y prácticamente nadie puede resistirse a hacerse una foto en el ascensor y subirla a Instagram (un saludo a los irreductibles que no tenéis redes sociales. Se os quiere 💛). Pero, ¿esté interés por la ropa que llevamos ha llegado realmente a todo lo que se engloba bajo el paraguas de la moda hombre? Lamentablemente, no. Existe un campo de la moda para hombre que, de forma generalizada, sigue semioculto. Algo de lo que no se habla con naturalidad. Que no se comenta o juzga. Y que, salvo algunas excepciones, no aparece de forma machacona en las redes sociales. Hablamos, obviamente, de la ropa interior masculina.

La hermana pequeña a la que todo el mundo sigue viendo como una niña. La Cenicienta a la que no se le permite ir a los bailes de la gente guapa. La apartada del grupo. Así creemos que se sentiría la ropa interior masculina si viese el desfile constante de modelos «exteriores» por redes y medios. En cambio, qué pocos comentarios, debates y opiniones despiertan el uso de unos calzoncillos u otros. Qué poco interés por combinar de la mejor manera posible la ropa interior con la exterior. Y, cuando existe dicho interés y preocupación, qué poca gente lo comenta con los demás. ¿Por qué sucede esto? No lo sabemos, pero está claro que la ropa interior masculina sigue siendo, hablando siempre en términos generales, la cara oculta del armario. Lo que no se muestra (salvo excepciones) y de lo que no se habla.
Que la revolución mediática llegue a la ropa interior puede ser solo cuestión de tiempo. El tiempo que tarden las nuevas generaciones en darles el lugar que se merecen a los calzoncillos. Y hablar de ellos como quien comenta con su compañero de running las ventajas de las mallas cortas frente a las largas. Esperamos que así sea y que veamos (pronto, a ser posible) un interés público por una parte de la moda masculina que cada vez preocupa -y gusta- a más hombres. Por nosotros no quedará.
- Imágenes: Marcuse Swimwear, Mundo Único, Clever



