Wim Beullens, las culturas del cuerpo

Bosquejar el cuerpo masculino con un elegante surtido de luces y sombras para acabar componiendo retratos de hombres envueltos en historias que quieren ser contadas. Esa es la noble tarea que el pintor belga Wim Beullens (Vilvoorde, 1968) canaliza y enlaza en una corriente histórica y etimológica que emparenta el aprecio a la anatomía masculina de la cultura clásica con el doble significado de la palabra latina retractus: revivir y tramar. Los hombres que vuelven a encarnarse en los requiebros de grafito y carboncillo de Wim y los relatos que encierran sus miradas, que se enganchan a sus cuerpos. El dibujo conquistando el reino de las bellas artes. Las líneas y los trazos como caligrafía de crónicas erguidas desde los músculos. La forja de un gran ilustrador.

Gustavo Forcada
Editor Jefe en Belfusto.com. Soy un disfraz de tigre. Si tú eres el diablo, no soy yo quien cuenta esta historia. No te preocupes por el tiempo: tenemos toda la noche. Hasta que termines no va a amanecer.

Acceder al universo del pintor e ilustrador belga Wim Beullens supone avanzar por el relampagueante camino que proyectaron Leonardo y Miguel Ángel a partir de la fascinación clásica por el cuerpo masculino y que fue asfaltado (en mayor o menor medida) por los maestros de la Academia parisina del siglo XVIII y redimensionado por la Körperkultur de principios del siglo XX. El culto al cuerpo atlético y su representación desnuda agitaron una Europa rígida y poco atrevida que caminaba hacia el abismo de las guerras.

Wim Beullens Ilustrador
© Wim Beullens

De todos ellos se escuchan ecos en las admirables composiciones de Wim Beullens. Admirador confeso de Rubens y poseedor de esa especie de sabiduría armoniosa macerada tras años de investigación y disciplina, el pintor belga ha configurado un hermoso corpus artístico guiado por un apotegma de connotaciones epistemológicas: retratar es contar una historia y al contar una historia hay que saber elegir qué detalles narramos. Es imposible contarlo todo. La belleza está configurada por la elección de las peculiaridades.

Ilustración en grafito Wim Beullens
© Wim Beullens

Wim Beullens: técnica y sensibilidad

Experto en elegir los detalles para sorprendernos con unos retratos masculinos donde las tonalidades y los claroscuros se vuelven imprescindibles, Wim Beullens contesta a nuestras preguntas con esa serenidad virtuosa que intenta esconder timidez para acabar desprendiendo cordialidad.

Wim Beullens Obra Artística
© Wim Beullens

¿Cuándo nació en ti el interés por el dibujo?

Desde que tuve uso de razón me interesaron los libros con ilustraciones hermosas. Todos los años, durante la época navideña, íbamos a Bruselas a ver una película de Disney. Blancanieves y los siete enanitos fue la primera que vi en un cine y la segunda, creo, Pinocho. Tenía los libros de esas películas ilustrados por Gustaf Tenggren, del que sigo siendo un gran admirador. También adquiría libros en los que las ilustraciones me interesaban más que la historia. Estaba fascinado por las imágenes. Aquello despertó mi interés por crear un mundo propio. Descubrí que dibujando y pintando podía erigir un mundo.

Tiempo después, pero todavía muy joven, me acerqué a los viejos maestros. En 1977 se celebró el cuadringentésimo aniversario de Rubens. Yo crecí cerca de la residencia de verano de Rubens y durante ese año se celebraron infinidad de fiestas populares homenajeándolo. Me interesé por su figura, por su vida y por sus dos hermosas esposas. Visité con mis padres la Rubenshuis y su museo en Amberes. Es uno de mis artistas favoritos.

En la escuela siempre elogiaban mis dibujos y siempre fui el artista de la familia. No era bueno jugando al fútbol ​​pero mis compañeros me respetaban gracias a la habilidad que tenía para dibujar. Mis ilustraciones hicieron que la gente me respetara. Además en mi casa siempre estaba dibujando los preciosos y coloridos trajes de las series y películas que emitían por televisión. Recuerdo que teníamos la televisión en blanco y negro pero nunca tuve problemas para imaginarme aquellas imágenes repletas de colores. Todavía me gusta dibujar trajes históricos.

También recuerdo que tenía un cuaderno escolar donde copiábamos textos de canciones y poemas para aprendérnoslos de memoria. Una página estaba ideada para copiar el texto y la página adyacente estaba dispuesta para que hiciéramos una ilustración del texto que habíamos copiado. Mi maestra visitó a mis padres al final de curso para charlar sobre mi rendimiento escolar. Trajo mis libros de texto con mis dibujos para mostrárselos a mi madre. Recuerdo que estaba especialmente entusiasmada con un ángel esbozado con colores rojos y amarillos que copié de mi Biblia ilustrada.

En la escuela secundaria fui el favorito de la profesora de dibujo. Siempre me puntuaba con un once sobre diez. Era una lesbiana excéntrica (años después la volví a encontrar en el orgullo gay de Bruselas), ex alumna del Sint-Lucas de Bruselas y recomendó esa escuela de arte a mis padres para que siguiera con mis estudios.

Cuerpo Masculino Ilustración
© Wim Beullens

¿Ha sido duro el proceso de aprendizaje? ¿Cómo se ha ido forjando tu estilo?

El proceso de aprendizaje sigue siendo duro. Cuando después de un día de trabajo un dibujo no sale como uno quiere te sientes muy mal y muy frustrado. Incluso cuando estoy más o menos satisfecho siempre hay cosas que quiero hacer mejor o llevarlas por caminos diferentes. Por suerte siempre existe la posibilidad de ir a por un lienzo nuevo y reiniciar. Con los años me he dado cuenta de que el dibujo definitivo siempre será el próximo dibujo.

La dureza del proceso de aprendizaje comenzó en la escuela de arte. El primer año estuvo bien. Nos iniciamos con el dibujo de observación. Fue muy difícil y aburrido pero acabó gustándome y lo hice bien. Para dominar la perspectiva comenzamos a dibujar composiciones hechas con cajas de madera prensada, sillas y naturalezas muertas. Cuando llegaba a casa seguía dibujando la alfarería y los bibelots de mi familia. Dibujaba todo lo que encontraba: ropa, zapatos… Pero el segundo año todo se volvió más difícil. Hubo un cambio de profesores y tuvimos menos horas de dibujo. Además nos vimos obligados a hacer arte conceptual. Durante este tiempo casi no aprendí nada y me centré en la música. Toqué la flauta, el piano y tomé lecciones de canto.

Cuando terminé la escuela de arte pensé que había terminado con las bellas artes e intenté estudiar música durante un año pero no llegué a nada. No obstante, gracias a la música, mi interés por la ópera aumentó e ingresé en la Academia de Amberes para convertirme en diseñador de vestuario. La Academia tenía un plan de estudios más tradicional. Cada semana teníamos una sesión de cuatro horas de dibujo de desnudos y volví a encontrar espacio para el dibujo y la pintura.
Al terminar en la Academia nunca trabajé como diseñador de vestuario. Pero las ganas de dibujar nunca me abandonaron. Aún así, no me consideraba un artista completo. Después de siete años en la escuela de arte descubrí que me faltaba mucha técnica. Así que decidí emular el camino de los músicos profesionales trasladándolo al dibujo. Sabía que para ser concertista de piano había que entrenar duro. Me centré en sus estrictos estándares de disciplina y comencé a perfeccionar mi técnica ilustrativa. No obstante topé con un gran problema: no podía conseguir modelos para posar desnudos en casa. Pero era el comienzo de Internet y descubrí que la red estaba llena de cautivadoras imágenes de hombres hermosos. Ya nunca me faltó la inspiración.

No sé cómo se forjó mi estilo. Creo que cada artista encuentra su propia caligrafía al depurar y desarrollar su técnica, al madurar como artista. Cuando dibujo no me preocupa mi estilo. No pienso en mi estilo. Estoy experimentando con diferentes tipos de lápices y diferentes tipos de papel. Esa variedad de materiales está influyendo en mi estilo y en mi técnica. El estilo de un artista nunca es estanco. Siempre evoluciona. Y esa es la razón para seguir adelante.

© Wim Beullens

La mayoría de tus ilustraciones retratan el cuerpo masculino con un maravilloso uso de líneas y sombras. ¿Cuándo tuvistes claro que los cuerpos de los hombres iban a configurar tu trabajo artístico?

Después de terminar la escuela de arte comencé a explorar la escena homosexual y la cultura gay. Y descubrí artistas como Tom of Finland, Harry Bush y muchos otros. Decidí convertirme en uno de ellos. Amaba dibujar y amaba a los hombres. Me pareció una buena combinación y un buen medio para crear mis fantasías a partir de mis habilidades.

Cuero, músculo, ilustración
© Wim Beullens

En algunas de tus obras también dibujas a hombres con ropa interior. ¿Cómo planteas tu aproximación a la ropa interior? ¿Lo ves como un elemento que refuerza la sensualidad de tus ilustraciones?

Me gusta la ropa interior masculina robusta. Los hombres con lencería de encaje o tangas de satén no son santo de mi devoción. Los suspensorios son mi opción favorita. Me resultan agradables de ver, sentir y usar. Un hombre con la ropa interior adecuada en las circunstancias adecuadas es tan sexy como un hombre totalmente desnudo. Pero también hay otras prendas que me resultan atractivas: una bonita camiseta ajustada dejando adivinar unos pezones duros debajo, una camisa con los botones desabrochados que deja entrever un pecho peludo, una falda escocesa sin saber si el hombre que la luce lleva ropa interior o no… También me gustan los pantalones cortos con los patrones de los años setenta y ochenta del siglo pasado.

A veces dibujo ropa interior incluso cuando el modelo está totalmente desnudo. Cuando dibujo siempre tengo una historia en mi mente. Mientras uno trazos y líneas me imagino las circunstancias en las que podría haber conocido al hombre que estoy dibujando. Podría haber sido alguien que se relaja en ropa interior después de entrenar y antes de tomar una ducha. O alguien a quien veo por accidente cuando se está cambiando o preparándose para acostarse.

Wim Beullens Dibujos
© Wim Beullens

¿Cuándo sabes que has completado un retrato? ¿Cómo es ese momento en el que conscientemente tomas la decisión de acabar con un dibujo?

Una de las máximas dificultades con las que se encuentra un artista es juzgar su propio trabajo. Siempre tienes que tomar decisiones. Cuando empiezas a dibujar tienes que observar atentamente al modelo para estudiar sus proporciones, sus volúmenes, sus rasgos… Pero hay un momento en el que hay que alejarse del modelo y concentrarte cada vez más en el dibujo: en el resultado. Incluso cuando dibujas de manera realista no puedes dibujarlo todo. El grado de realismo de un dibujo no depende de la cantidad de detalles presentes sino de saber elegir los detalles correctos. Y discernir si un dibujo está terminado o no es muy complicado. A veces realmente siento que ya he terminado una obra. No es fácil de describir. Percibo que ya no se puede hacer nada más para mejorar el dibujo. Siempre tienes que procurar ser el dueño de tu dibujo. No al revés. Esa es la verdadera enseñanza de los viejos maestros. Dominaron la capacidad de juzgar su propio trabajo y supieron tomar las decisiones correctas.

A veces puede ser útil abandonar el dibujo unos días y luego retomarlo. Al coger perspectiva veo lo que falta, qué partes son demasiado oscuras o demasiado claras, qué detalle está llamando mucho la atención… Ver tu trabajo a través de un espejo también puede ser muy revelador, incluso tomar una fotografía del dibujo puede ayudar mucho.

Una opinión externa puede ser útil para percibir el dibujo de manera diferente. Me gusta mostrar mi trabajo a determinadas personas para ver cómo reaccionan.
Esa es una de las razones por las que me gustaría volver a dibujar de manera grupal. Mi gran sueño es abrir mi propia escuela de dibujo donde poder enseñar, invitar a otros profesores y crear una interacción entre artistas. La gente me pregunta si doy lecciones. Cuando es posible, los invito a mi casa para dibujar juntos mientras les explico cómo trabajo y cómo construyo un dibujo. Eso es muy instructivo para mí. Por tanto, sería bueno hacerlo regularmente.

Wim Beullens Male Body
© Wim Beullens

¿Cómo es tu relación con las redes sociales? ¿Las utilizas como herramienta fundamental para difundir tu trabajo? ¿Ha sufrido algún tipo de censura?

Tardé mucho en mostrar mis dibujos. La gente que admiraba mis obras me recomendó publicarlas en Internet. Y al final comencé un blog que intento mantener actualizado. Mis seguidores crecen día a día gracias a lo que subo a las redes sociales que, por otra parte, me han brindado la oportunidad de participar en exposiciones y galerías. Las redes sociales e Internet son muy útiles y sería estúpido no usarlas. Son medios maravillosos para conectarse con personas de todo el mundo. Sin la red no tendría los contactos que tengo ahora. También me proporcionan la oportunidad de descubrir obras de artistas que de otra manera permanecerían ocultas para mí.

Cada nueva innovación y cada nuevo medio de comunicación suele ser percibido como algo extraño, dañino o incluso peligroso. Pasó con la televisión o incluso con la imprenta. Al principio, la gente siempre se muestra escéptica. Hay que aprender a utilizarlos bien y saber sus restricciones y sus defectos. Por ejemplo, existe el peligro de que publicar en las redes sociales sea más importante que el dibujo en sí mismo. Tengo mucho cuidado con lo que publico. Me gusta subir trabajos terminados o algunos bocetos para que mis seguidores vean en qué estoy trabajando o cómo trabajo. Cada vez que publico un dibujo nuevo es un poco estresante. Espero con curiosidad las reacciones de la gente. También soy consciente de que podría hacer un mejor uso de Internet pero me falta talento técnico. Por ejemplo, sería una buena herramienta para trabajar con grupos privados y poder compartir trabajos más explícitos. También podría desarrollar mi sitio web. Pero todo eso conlleva mucha dedicación y ahora estoy dibujando a tiempo completo.

No obstante, hay que tener en cuenta que la imagen de un dibujo no es el dibujo real. Para mí, el dibujo real sigue siendo lo más importante. La gente está menos interesada en visitar exposiciones o galerías porque piensan que pueden verlo todo en Internet. Lo cual no es cierto, por supuesto. En una exposición no se puede ocultar nada. Las obras están colgadas sin intermediación y puedes observarlas como realmente son: con sus colores y dimensiones reales. El autor recibe visitantes en una exposición e interactúa directamente con ellos. Eso es muy estresante para mí pero, a menudo, es muy fructífero y satisfactorio. Creo que la gente todavía necesita el contacto directo para apaciguar la frustración que se puede generar en los chats o con las reacciones poco sosegadas en las redes sociales.

He sufrido la censura en Internet. Algunos de mis dibujos fueron rechazados en Tumblr. No es justo y es muy frustrante porque considero que la desnudez frontal no es ofensiva y pienso que mi trabajo no es pornográfico. Para evitar que me bloqueen yo mismo censuro mis dibujos ocultando sus partes más sexuales. Si alguien quiere verlos siempre estoy dispuesto a compartirlos en privado, en una exposición o galería o simplemente en casa donde puedo mostrar mi trabajo sin restricciones. Por tanto, mi relación con Internet es bastante ambigua. Es muy útil y está cargada de posibilidades pero hay que tener cuidado de que no se apodere del mundo real.

Músculos de grafito

Portada Libro Wim Beullens

WIM BEULLENS 
Wim Beullens (MenOnPaper Art, 2021)

Estamos de enhorabuena. Por primera vez se edita un libro con una selección de dibujos de Wim Beullens, elegidos personalmente por el autor y compilados por MenOnPaper Art: la editorial colaborativa británica que poco a poco va sumando pequeñas joyas a su catálogo.

Las 96 páginas de «Wim Beullens» recogen el espíritu del ilustrador belga mientras van desenvolviendo su estilema con la misma serenidad y cadencia con las que los lápices y carboncillos componen la legión de cuerpos masculinos que nos regala la prodigiosa mano de Wim.

Sus composiciones equilibradas, estructuradas con el prodigio formal que alumbraron los renacentistas, se nos presentan más modernas y necesarias que nunca. El desnudo masculino, en un momento en el que el arte vive mediatizado por la censura que emana en las redes sociales, vuelve (¿alguna vez dejó de hacerlo?) a posicionarse como un imprescindible agitador del orden moral y un elemento fundamental para alumbrar los pasajes más oscuros de la historia.

Poseedor de una técnica deslumbrante esculpida tras años de una férrea disciplina, Wim Beullens nos ofrece una sucesión de cuerpos masculinos generados por un hormigueo de líneas, rellenos y sombreados que se vuelven un enjambre de pavesas en el magma seductor y efervescente del erotismo.

«Wim Beullens» está a la venta en MenOnPaper Art

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